Me estabas mirando a los ojos mientras me agarrabas de las manos, como hacemos siempre que nos tenemos que hablar de asuntos delicados. Yo no te podía mirar, no es que no quisiera sino que un fuerte dolor me atravesaba el pecho, como una patada que te deja sin respirar. Eso fue lo dificultoso de esa tarde: respirar. No había manera. Te quería cerca y también me quería escapar sin mirar atrás. Quería llevarme todo tu dolor lejos y a la vez me sentía encerrada sin saber bien como reaccionar. No logro relajarme, no sé bien el porque, quizás porque veía que vos estabas pendiente de lo que yo hacía, demasiado pendiente.
¿Y vos? ¿Vos qué querés? Ya se lo que piensan los otros, lo que esperan y sus ritmos. ¿Y vos? ¿Vos estás de acuerdo? Es que eso es lo que más me enoja, eso es lo que más me molesta y no me deja respirar. Ni siquiera puedo hablar y ser escuchada. Estoy encerrada en tus pensamientos y me quiero zafar